miércoles, 26 de diciembre de 2012

Mi perro tiene miedo a los ruidos fuertes

En estas fechas navideñas, creemos conveniente hablar del miedo que desarrollan nuestros amigos a los ruidos fuerte. Algo que se hace evidente e inevitable en nuestros barrios y pueblos en fiestas navideñas.

En algunos casos, especialmente nuestros perros, desarrollan un miedo irracional a los ruidos. También es una reacción que puede verse en gatos y otro tipo de mascotas. Puede ser a solo una clase de ruido (truenos, voladores, petardos, etc.), a varios ruidos o a todos los ruidos fuertes en general.

Generalmente nuestro amigo siente un miedo irracional suele desarrollar dos clases de comportamiento distintos:
  • intenta esconderse para que "el monstruo" no lo vea, o
  • sale huyendo para que "el monstruo" no lo pille.
Cuando nuestro amigos salen huyendo es cuando más peligro corren, ya que su pánico hace que no oiga nada, no vea nada y, por ejemplo, de estar en la calle, existe el peligro de ser atropellado o de perderse y no saber volver a su entorno conocido.

Si tu amigo peludo tiene miedo a algún ruido en particular, debes ser consciente que si no haces nada para solucionarlo, no es algo que se vaya a solucionar con el tiempo, más bien al contrario, normalmente el problema se suele agravar.

No es fácil afrontar esta situación. Acariciarlos, mimarlos o cogerlos en brazo con la intención de transmitirles tranquilidad y facilitarles un refugio, más emocional que físico, puede ayudarlos a relajar el estrés que les produce el ruido, pero estamos lanzando un mensaje que refuerza su comportamiento de miedo y de huida.

Aunque nos cueste un esfuerzo a nosotros, porque tenemos que controlar esa tendencia al mimo, es más aconsejable ignorar su comportamiento, intentar distraerlos con juegos, usar música a un volumen controlado pero que atenúe el impacto de los petardos o los truenos.

El uso de medicación, tranquilizantes principalmente, no es nada recomendable, salvo por prescripción facultativa de tu veterinario, ya que pueden causar más perjuicio que beneficio, sobre todo en animales mayores.

Se debería de realizar un proceso de aprendizaje en el que acostumbramos a nuestra mascota a ruidos fuertes o estridentes, poco a poco, acostumbrándolos de manera sistemática. Es decir, hacer una labor de educación. Para esto necesitaremos dos herramientas importantísimas: paciencia y constancia. Los resultados acabarán por verse. En caso extremos pide consejo a adiestradores profesionales o a tu veterinario.

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